Con fe y optimismo asumo el cargo de Inspector General que me confía el Comando de la Policía Nacional del Perú, con la convicción y compromiso de dar continuidad al buen trabajo iniciado por mis antecesores y apalancar aspectos que, previo estudio y evaluación, requieren los cambios necesarios para hacer de esta gestión, con el apoyo de todos, moderna y de calidad.
La misión que se nos encomienda y que se materializa mediante el logro de objetivos, es difícil pero no imposible de cumplir; para ello, debemos concentrar nuestros esfuerzos en crear un nuevo tipo de organización, tomando en cuenta los factores inherentes al cambio y ponderándolos adecuadamente, especialmente los vinculados con el factor humano, lejos de las orientaciones estructuralistas y del flujo del trabajo, que aunque sumamente importantes, olvidan en la teoría y en la práctica, la preminencia del hombre y del rol que le toca cumplir, en este panorama de un medio profundamente cambiante.

La Policía Nacional hoy más que nunca, requiere ser fortalecida; para lograr esta solidez, resulta necesario aplicar estrategias cuidadosamente elaboradas, sirviendo de directriz y soporte en la aplicación de las políticas que se reflejan en las acciones de control y fiscalización para el uso correcto y honesto de los recursos humanos, logísticos y económicos que el Estado nos asigna.
Hoy, con mucho pesar, seguimos dando cuenta de la crítica realidad en que se encuentra el aspecto disciplinario al interior de nuestra organización, lo que nos preocupa, por cuanto constituye un aspecto negativo que se interpone directa e indirectamente en el logro de nuestra misión.
No obstante, con liderazgo, una firme voluntad y decisión, estas malas prácticas deben ser eliminadas, no quedando espacio para ningún tipo de mal comportamiento de elementos disociadores, quienes deben ser identificados y sancionados ejemplar y proporcionalmente, según las faltas cometidas y tipificadas en nuestras normas. Del mismo modo, las acciones positivas de efectivos policiales que prestigian a nuestro instituto serán recompensadas de acuerdo a Ley.

Para emprender nuestro trabajo, que se avizora riguroso y desafiante, vamos a aplicar lineamientos de política elaborados escrupulosamente mediante el análisis profundo de la teoría y la práctica, directrices que constituyen el marco de referencia que nos ayudará a seguir con el proceso de modernización de nuestra gestión administrativa, y que se sintetizan en la capacitación continua, sanción justa y control permanente, buscando brindar a nuestro personal las herramientas necesarias para un buen desempeño de las funciones emprendiendo denodadamente la lucha frontal contra todo acto de corrupción interna, efectuando investigaciones transparentes e inflexibles en correlación con nuestro marco legal y fiscalizando permanente para cautelar los bienes jurídicos institucionales.

Lo antes expresado, también nos exige proseguir con acciones de comunicación a nuestro personal para su adoctrinamiento y sensibilización, con la finalidad de que tomen conciencia de su rol en la sociedad como autoridades que son y de que el ejercicio de nuestra profesión no sólo requiere buen comportamiento, sino además sacrificio y entrega al servicio de los demás. Esta tarea exige una profunda reflexión de cada uno de nosotros, que nos permita encontrar el verdadero sentido de la disciplina.

Las actividades actuales que demanda nuestro que hacer policial, requieren de personas profesionales, policías hombres y mujeres con capacidades muy diversas y de alta especialización.  El presente y futuro de nuestra organización policial, más que el dominio específico de las materias, requiere de amplio criterio y capacidades diversas para enfrentar con éxito la disimilitud de problemas que cada día debemos enfrentar.

Los aspectos antes aludidos son de gran trascendencia; lo más importante ttiene que ver con la mejora del servicio que se presta a la ciudadanía, así como los cambios que tanto espera nuestra sociedad de su policía, lo que en definitiva orientará nuestro comportamiento en escenarios tan complejos como los del presente.

En ese sentido, el trabajo en equipo debe ser una práctica cotidiana, en la cual el Jefe de la Unidad Policial debe dar el ejemplo con liderazgo, comportándose honesta e íntegramente, buscando crear sinergias. Por ello, invoco a que el personal que cumple nuestra noble función, trabaje o siga trabajando en coordinación con el Inspector o quien haga sus veces en los lugares asignados a las respectivas jurisdicciones.

Pido al Todopoderoso su bendición para que podamos realizar el difícil trabajo encomendado con seguridad y salud, así como para que nos brinde la humildad y la sabiduría necesarias para tomar decisiones correctas, justas, oportunas y profesionales en todo momento.

Para finalizar, exhorto a los Policías del Perú a seguir trabajando con dedicación, abnegación y profesionalismo, desarrollando sus funciones con fortaleza pero con respeto a los derechos humanos, la Constitución Política y leyes vigentes, para beneficio de nuestra institución y de la ciudadanía en general.

Muchas gracias
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